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Música Clásica y ópera de Classissima

Claudio Abbado

sábado 21 de enero de 2017


Musica Antigua en Chile

4 de enero

Academia ArteVida La Serena invita a Curso de Introducción a la Práctica de la Música Antigua

Musica Antigua en ChileCurso de Introducción a la Práctica de la Música Antigua Profesor Nelson Contreras EscuderoViolagambista y TenorPerforming Arts Degree - Alta Formazione Artistica Musicale (AFAM), Civica Scuola di Musica Claudio Abbado de Milán. ¿Qué es la Música Antigua?Historia, Filosofía y aspectos prácticos fundamentales para conocerla, entenderla e interpretarla con conocimiento de causa y autonomía. Especialmente dirigido a instrumentistas, cantantes y aficionados en general. La Teoría:“La música es el tratamiento humano de los sonidos” (Jean Michael Jarre)Antecedentes históricos culturales y sociales – Filosofía de la Música desde los griegos hasta el clasisismo (y mas). La Práctica:“La música no es otra cosa que la FAVELLA, el RITHMO y el SUONO, en ese orden y jamás al contrario” Giulio Caccini (Le Nuove Musiche, 1602) I - FAVELLA: Ética ,pelética, pelinpin pética, pelada peluda, pelin pin puda (Popular) El lenguaje de la música antigua - Silabación - Articulación - Cantabile y Suonabile. II - RITHMO: Todo es Cueca (Roberto Parra) Notación blanca y negra - Tactus - Cifras indicadoras de compás Moderadores de compás - Proporciones rítmicas - Pies métricos - la Danza III - SUONO: Mi Fa Tota Musica Est (J.S. Bach) Una cuestión de armónicos - Solmisación - Temperamentos y afinación - Modos Griegos - Tonos Eclesiásticos - Orquestación vocal e instrumental Academia ArteVidaHuanhualí 790, La Serena02 al 05 de Enero 2017 (Inscripción hasta el 26/12/2016)Horario de 10.00 – 13.00 y de 15.00 – 19.00/ Valor $15.000.-Mínimo 10 inscritos para su realización.Concierto final a curso concluido.Solicitar ficha de inscripción a: artevidalaserena@gmail.com Profesor: Nelson Contreras Escudero Violagambista y cantante chileno radicado en Milán (Italia) de amplia trayectoria nacional e internacional en el ámbito de la música medieval, renacentista y barroca. En Latinoamérica ha concentrado su actividad en Chile, participando en las temporadas y festivales dedicados a la música antigua con los ensembles de mayor notoriedad como son Syntagma Musicum (Usach), Estudio MusicAntigua (Puc),Les Carillons (UCH), Capilla de Nueva Extremadura (Upla) además de otros, entre los cuales destaca su participación en las Semanas Musicales de Frutillar junto a Voce Arcana y en el Festival de Chiquitos en Bolivia junto a Syntagma Musicum. En Europa ha concentrado su actividad concertista y docente principalmente en Italia, donde ha participado en los festivales y temporadas de conciertos más relevantes, entre los cuales destacan el Festival Montesardo del Conservatorio de Lecce, Festival Grandezze e Meraviglie de Modena y varias temporadas de conciertos con el Arion Ensemble de Pavia y la Orquesta Barroca de la Civica Scuola Claudio Abbado de Milán, entre otros. Ha publicado una colección de madrigales inéditos del compositor italiano Diego Personé junto al maestro Diego Fratelli. Ha tomado contacto con los máximos exponentes de la viola da gamba a nivel mundial participando en las masterclass de talentos como Rodney Prada, Vittorio Ghielmi, Jordi Savall, Wieland Kuijken y Kees Boeke entre otros. Actualmente dirige el Ensemble Aestus Harmonicus de Milán, con el cual ha realizado conciertos en Italia, España y Polonia principalmente. Profesor colaborador y coordinación: Tatiana Espinoza Lamatta. Profesora de Educación Musical y Licenciada en Educación, titulada de la Universidad de La Serena y diplomada en Gestión Cultural en la Universidad de Chile. Inicia sus estudios de violoncello a los 10 años en la Escuela Experimental de Música “Jorge Peña Hen” de La Serena. Durante el año 2012 fue alumna del Conservatorio Superior de Música "Manuel de Falla" en Buenos Aires, Argentina, estudiando la Tecnicatura Superior en Música Antigua mención Violoncello Barroco. Durante el 2014 y 2015 fue alumna del destacado violoncellista Gaetano Nasillo, estudiando la carrera de Violoncello barroco y bajo continuo, en el Conservatorio “Guido Cantelli”, en Novara, Italia. El año 2008 comienza su especialización en música antigua integrando el Ensamble Vocal Instrumental “Cantvs Firmvs” dependiente de la ULS, dedicado alrepertorio barroco latinoamericano. Luego en el año 2010 conforma el Ensamble de Música Antigua EMAULS, que el 2013 se transforma en ConsortChile Música Antigua. También es directora musical del EnsambleVocal Instrumental “Villanueva” de La Serena, con los que participó en el XI Festival Internacional de música antigua “Misiones de Chiquitos” en abril del presente año. Destaca la participación en la Orquesta Barroca Nuevo Mundo, perteneciente al teatro Regional de Rancagua, realizando óperas como “Don Giovanni” de Mozart y “Las Indias Galantes de Rameau y “Orfeo” de Monteverdi. Ha tomado clases con diversos y reconocidos intérpretes de la música antigua, entre ellos destacan: Carolina Aliaga, Rodolfo Richter, Josetxu Obregón, María Jesús Olóndriz y GaetanoNasillo). También ha participado en festivales internacionales de música Antigua en Bolivia, Brasil e Italia. En La Serena ha gestionado talleres, masterclass y conciertos de destacados intérpretes y ensambles de música antigua como “La Ritirata” (España), Nora Miranda, Eduardo Figueroa, Raúl Orellana, Ramiro Albino entre otros. Además realiza desde el año2015 un taller de interpretación en música antigua en la Academia ArteVida La Serena.

El Blog de Atticus

11 de diciembre

"I VESPRI SICILIANI" (Giuseppe Verdi) - Palau de les Arts - 10/12/16

Anoche tuvo lugar, al fin, el inicio oficial de la temporada operística 2016-2017 en el Palau de les Arts, con el estreno de la ópera de Giuseppe Verdi I Vespri siciliani, un estreno que ha llegado envuelto en cierta polémica, debido a los reiterados cambios anunciados en los últimos siete días de la protagonista femenina prevista, lo cual no es precisamente una cuestión baladí en una ópera que tiene uno de sus principales atractivos en el complicadísimo papel de Elena. El día 2 de diciembre, el Intendente Livermore anunció que la excelente soprano Anna Pirozzi cancelaba su participación por “prescripción médica ante su estado de gestación”, comunicándose que las funciones de los días 10, 16 y 18 de diciembre serían cantadas por la ucraniana Sofia Soloviy, mientras que los días 13 y 21 de diciembre lo haría la jerezana Maribel Ortega. Como ya dije en este mismo blog, considero una falta de respeto al espectador que se tardase casi dos semanas en hacer público lo que ya se venía comentando en todas partes, sobre todo cuando Soloviy se encontraba ya varios días en Valencia ensayando y Pirozzi no había llegado a pisar el teatro. Pero es que, en un triple salto mortal de la incompetencia y la improvisación, el pasado viernes, esto es, la misma víspera (valenciana) del estreno de estas Vísperas Sicilianas, Les Arts comunica que cambian las fechas anunciadas de las cantantes y así Maribel Ortega cantaría los días 10, 16 y 21 de diciembre y Sofia Soloviy el 13 y el 18... Impresionante. Homérico, como diría el bueno de Michaleen O'Flynn. Hubo gente que tras el anuncio de la cancelación de Pirozzi compró entrada para otras funciones para escuchar a las dos cantantes, y hay quien ahora se encuentra con que esos días han cambiado y va a escuchar a la misma… Es verdad que los cantantes cancelan en todas partes, pero lo que ha pasado aquí no es normal. Para empezar, una cancelación por “prescripción médica ante su estado de gestación” no parece algo muy imprevisible o que a nadie se le haya pasado por la cabeza que podía ocurrir, pero no voy a entrar en eso; lo impresentable es que cuando todo el mundo sabía que Pirozzino venía, el teatro haya callado durante quince días hasta la rueda de prensa de presentación de la ópera. Y luego, lo de Soloviy y Ortega o es de record Guiness del mal fario o, lo que es más probable, una consecuencia más de improvisar y gestionar a palpón. ¿Ha podido surgir un imprevisto que provoque, como en cualquier teatro, que cambie la cantante del estreno?, puede ser, pero aquí se han bailado todas las fechas que habían anunciado hace apenas una semana. No es de recibo. No cuestiono que hayan surgido problemas e imprevistos, pero estoy convencido de que gran parte de estos movimientos tienen relación con no haberse hecho las cosas bien a la hora de cerrar los acuerdos con los artistas. El problema es que las consecuencias de lo ocurrido no se han limitado a la anécdota de si finalmente el día de tu entrada canta Anna, Sofía o Maribel, sino que se ha inaugurado la temporada de Les Arts con una cantante de un nivel impropio para la relevancia del acontecimiento y de la obra presentada. Y, lo peor de todo, es que no fue lo único que no funcionó, ya que, lamentablemente, en mi opinión, anoche vivimos un estreno de temporada de serie B. La producción elegida para la ocasión es una coproducción del Teatro Regio di Torino y ABAO-OLBE que cuenta con la dirección escénica de un turinés que se llama Davide Livermore, del que seguramente hayáis oído hablar. El polivalente Intendente de Les Arts ideó esta puesta en escena para conmemorar en 2011 el 150 aniversario de la unidad italiana en el teatro de su ciudad natal. Livermoretraslada la acción a la Sicilia de 1992, en concreto al brutal asesinato por la Mafia del juez Giovanni Falcone, su mujer y tres de sus escoltas, en lo que se conoce como la masacre de Capaci. El tratamiento que la prensa dio a aquellos hechos en Italia, lo utiliza Livermore para sustituir a los opresores franceses del libreto original por mafiosos y unos medios de comunicación manipulados por una clase política corrupta, que serían quienes actualmente tiranizan a la sociedad. Al comienzo de la ópera, cuando un oficial francés obliga a Elenaa cantar y ella aprovecha para entonar un canto que eleve el valor del pueblo, Livermoretranspone la situación al momento que pudo verse en todas las televisiones del mundo, en el que la viuda de uno de los escoltas de Falcone habló en el funeral al dictado de un sacerdote y le apartaron el micrófono en cuanto se salió del discurso oficial. Después, al comienzo del acto segundo, cuando Procidaregresa a Palermo y canta su famosísima aria Oh patria, Livermore nos presenta al personaje en la oscuridad, entre brumas que poco a poco se van disipando, hasta transformarse la escena en una reproducción de la imagen del atentado a Falcone, con los coches en el socavón provocado en la autopista por el explosivo, en uno de los mejores momentos escénicos de la producción. Creo que todo ese inicio de ópera y la idea en general de Livermore es buena, tiene sentido y no es una mera ocurrencia para provocar o salir del paso. El problema es que no basta sólo con que la idea sea buena y la situación a la que se quiere adaptar el libreto mantenga relación con éste, sino que luego todo el texto y el desarrollo dramático han de tener cierta coherencia; y en este punto pienso que ya hubo más problemas, sobre todo a partir de esa entrada de Procida en escena, que como digo me pareció impactante. Es como si, una vez pasados esos momentos de la ópera que se ajustaban bien a lo que se quería contar, se hubieran acabado las ideas y el resto hubiera que hacerlo casar a empujones. No se puede, por ejemplo, mantener esa misma escenografía de los coches del atentado en la escena siguiente del acto, con el coro Viva la guerra, viva el amor, las novias sobre los coches y las bolsas de basura sobrevolando el escenario de la masacre. Toda la poesía anterior se rompió, consciente o inconscientemente, pero dando la impresión de que aquello ya no tenía mucho sentido. Tampoco creo que se haya adaptado bien a la escena la contraposición entre los coros de franceses y sicilianos del primer acto. El baile de máscaras se desarrollará en un hemiciclo parlamentario en el acto siguiente, el cual finalizará con una proyección de imágenes de conocidos personajes de la historia y la cultura italiana, desde Cavour a Dario Fo, Fausto Coppi o Mastroianni, que acabarán fundiéndose con los colores de la bandera italiana. Y el quinto acto se iniciará en un plató de televisión con Elena cantando el conocido Bolero junto a unas Mama Chichos. La ópera concluirá de nuevo en el hemiciclo con el pueblo ocupando los escaños y arrancándose sus máscaras mientras aparece sobreimpresionado el artículo 1 de la Constitución italiana proclamando que la soberanía reside en el pueblo. Por otro lado, en contra de lo que suele ser habitual en los trabajos del regista turinés, en esta ocasión pareció más descuidado el apartado de construcción de personajes y comportamiento actoral de los cantantes que muchas veces parecían dejados caer o colocados donde menos molestasen. Ya digo que considero que la propuesta de Livermore responde a una idea interesante, con momentos bastante conseguidos, una buena iluminación e instantes atractivos visualmente. Reconozco que me esperaba que la cosa funcionase bastante peor y no es así, pero sentí que el conjunto, aunque a mi juicio funciona, presenta demasiados altibajos, hay muchos detalles localistas que sólo los italianos captarán y acaba destilando una cierta demagogia y bastante pretenciosidad. Este año sí ha sido uno de los directores musicales de la casa, Roberto Abbado, el encargado de ocupar el foso de Les Arts en la apertura de temporada. El año pasado fue el húngaro Henrik Nánási quien la abriera con un espectacular Macbeth. Y, la verdad, es que, vistos los resultados, hubiera preferido que también lo hubiera hecho en esta ocasión. Es cierto que el pasaporte no otorga el estilo o la sabiduría musical, pero resulta chocante que un húngaro consiguiese imprimir mucho más color verdiano que un italiano. Roberto Abbado se enfrentaba a una partitura nada sencilla y enormemente exigente en cuanto a concertación. No sé si sería eso lo que le llevase a estar muy pendiente de procurar concertar adecuadamente los conjuntos, no siempre con éxito, o a llevar entre algodones a una soprano inadecuada, pero el caso es que a Verdi no se le veía por ningún lado, la tensión decaía con frecuencia, no se atisbaba apenas refinamiento alguno para destacar los múltiples contrastes de la página verdiana, y había un exceso de chimpuneo que no podía suplir la, ayer ausente, pulsión dramática y garra de la partitura. Eso no quita para que la orquesta tuviese grandes momentos en que se desvelaba su enorme calidad, como el acompañamiento de las cuerdas al aria de Monforte o en el concertante del acto cuarto. Ayer vi a un Abbadoque parecía más tenso de lo habitual y más serio. Quizás yo vea fantasmas donde no los hay, pero eso unido a la entrevista que publicaba ayer el diario Levante, en la que manifestaba “creo que (en Les Arts) en el futuro debemos trabajar todos más juntos”, me hizo pensar si se estará viviendo cierta crisis entre la dirección musical y artística del teatro. Espero que no. En medio de la decepción vivida anoche, uno de los rayos de optimismo volvió a surgir del gran Cor de la Generalitat, que también acometía una tarea increíblemente complicada, en una obra donde el coro juega un papel protagonista, con un grado de exigencia mayúsculo que supo superar, mostrándose a un nivel por encima del resto de intervinientes en la función, y ello pese a que también se apreciaron pequeñas descoordinaciones en momentos puntuales, pero como algo anecdótico dentro de una majestuosa labor de conjunto. Lo más decepcionante de la velada fue, como ya he adelantado, la ausencia de una soprano que ofreciese una calidad acorde a un estreno de temporada en un teatro que pretende mantenerse en el primer nivel. No sé cuales habrán sido las circunstancias que habrán conducido a que haya sido ella la encargada de asumir finalmente en el estreno el papel de Elena, pero el resultado obtenido fue, por ser suave, inadecuado. Maribel Ortegapodría haber encabezado una digna función del Centre de Perfeccionament o un segundo reparto de pretemporada, pero nunca debió ser la protagonista del estreno de temporada del Palau de les Arts. Siento ser tan duro, pero cuando a uno le colocan en primera línea está ahí para lo bueno y para lo malo. Ya dije a raíz de su intervención en El gato montés, cuando ni sospechar podía lo que me esperaba ayer, que percibía un instrumento sin suficiente peso para afrontar papeles de mayor exigencia dramática. Pienso que este papel no es para ella. La soprano jerezana tiene un atractivo timbre lírico, pero carece totalmente de graves, su centro es inane y sin cuerpo, cubriendo esas carencias con un feo entubamiento, y tan sólo brilla puntualmente en el agudo, algunas veces chillado. Ayer durante los tres primeros actos de la ópera estuvo completamente ausente dramáticamente e inaudible. En los concertantes únicamente resaltaban sus subidas al agudo, el resto era una película de Buster Keaton. En la segunda parte, donde el personaje adquiere mayor protagonismo, tuvo que implicarse algo más y ofreció algún fugaz destello, como un par de agudos imponentes en el quinto acto, pero su Arrigo, ah, parli a un core fue plano y con un final que no se sabía si aquello era una escala descendente o el inicio de una saeta a Jesús del Gran Poder; y el Bolero, directamente lamentable, pese a que fue cuidadísima por Abbado, a quien sólo le faltó subir al escenario a dar las notas, trinos y adornos que ella obviaba. No fueron pocas las ocasiones en que iba a destiempo, obligando al director a intentar reparar aquello, provocando daños colaterales en el coro y orquesta. Y tampoco puedo entender su escasa implicación dramática. No sé si sería la tensión del momento, pero estaba como atenazada, sin personalidad escénica que supliese las carencias vocales y, al menos anoche, su trabajo de actriz no hubiera superado un casting de telefilm alemán de sobremesa. Es verdad que es una cantante joven y que el papel es enormemente exigente, pero ayer estuvo lejísimos de lo que sería simplemente aceptable. Si complicado es el papel de Elena, el de Arrigo es probablemente uno de los más exigentes que Verdi escribiera para tenor, requiriendo al intérprete, además de solidez dramática, moverse permanentemente por la zona del pasaje. Que Gregory Kunde a estas alturas de su carrera se atreva a afrontar un personaje que casi todos sus colegas esquivan, ya es de agradecer, pero además es que cumplió nuevamente con solvencia, pese a que cada vez su voz muestra un mayor desgaste, veladuras tímbricas y más colores que una chaquetilla de Chicote, pero cantó con pasión, sentido dramático y un fraseo incisivo que brillaba en el agudo. Culminó en falsete el addio, addiode la segunda escena del quinto acto, con un efecto que acabó resultando más chocante que elegante. Es verdad que, como dicen muchos, Kunde kundea, pero sigue mostrando una autoridad vocal y escénica que cautiva al espectador, aunque le disfracen con ridículas pelucas como fue el caso.   En el apartado solista, junto a Kunde, para mí lo mejor de la noche estuvo en el Monforte que nos brindó Juan Jesús Rodríguez. Sigue presentando el cantante onubense una voz de auténtico barítono y cuidada línea de canto. En su aria In braccio alle dovizie mostró su dominio del fraseo verdiano con un inspirado recitativo lleno de intención que desembocó en un aria bien respirada y ligada, a la que tan sólo se le echó en falta  un punto más de expresividad y variedad dinámica.  El Procida del joven bajo ruso Alexánder Vinogradov conquistó al público de Les Arts con su voz profunda, grande y rotunda, de timbre atractivo que se expandía con facilidad por la sala de forma imponente. En su aria Oh patria, que es un regalo de Verdi para la cuerda de bajo, fue enormemente aplaudido, pese a que su canto fue muy poco refinado, sin matices ni ligazón, y trabado a base de arrastrar y empujar la voz. Cumplieron más que correctamente en papeles menores, Cristian Díaz y los alumnos del Centre de Perfeccionament Nozomi Kato, Andrea Pellegrini, Moisés Marín, Andrés Sulbarán, Jorge Álvarez y Fabián Lara. La sala no se encontraba llena, presentando numerosos huecos en los pisos superiores y platea alta, con más presencia institucional de lo habitual, con el conseller de Cultura, Vicent Marzà, la consellera de Justicia, Gabriela Bravo, la consellera de Medio Ambiente, Elena Cebrián, o el concejal de Mobilitat, el italiano Giuseppe Grezzi. También pudo verse a cantantes como Raimon o Sole Giménez. El público aplaudió casi cada chimpún de la partitura y al finalizar fueron Alexánder Vinogradov y Gregory Kunde los más braveados. La dirección escénica fue bastante aplaudida con algún abucheo muy aislado. Todo un símbolo de la situación vivida con la soprano es que se optara porque fuese Gregory Kunde el último en salir a saludar, en lugar de la intérprete del papel de Elena, como suele ser lo habitual. Os aseguro que, aunque algunos piensan que disfruto y me relamo, chupando mis afilados colmillos, cuando hago críticas negativas, nada me gustaría más que poder escribir entusiasmado y animando a todo el mundo a disfrutar de una experiencia inolvidable en nuestro teatro. Ojalá hubiese salido anoche tan emocionado de Les Arts como lo hice el pasado día 7 del Liceu, tras asistir a una Elektra referencial e histórica. Pero no fue así, y yo soy el primero en lamentarlo. No obstante, como digo siempre, esto no es más que una opinión personal, subjetiva y posiblemente cargada de ignorancia, por lo cual os animo a todos a que vayáis a Les Arts estos días a disfrutar de una ópera interesantísima y que hay muy pocas oportunidades de verla representada, y después saquéis vuestras propias conclusiones. La música de Verdi siempre justifica el viaje.




Cantan ellas - El Blog de Maac

11 de diciembre

Les Arts: "I vespri siciliani" 10/12/2016 - Sacad el manual de instrucciones.

Sorprende que Las vísperas sicilianas, dado el lugar que ocupa en la producción verdiana: después de la trilogía popular (Rigoletto, Traviata, Trovatore)  y antes de Simon Boccanegra, Un ballo in maschera y La forza del destino, no sea una ópera de repertorio, esta circunstancia la comparte con Aroldo, pero ésta es un caso distinto en cuanto es una revisión de Stiffelio, ópera anterior a Rigoletto. Se han dado muchas razones de por qué Las vísperas, a pesar de tener una música de gran calidad, alabada por el mismo Berlioz, y de forjar un nuevo ideal dramático que culminará en Don Carlos,  no ha terminado de cuajar y su programación sea una rareza; así, se ha dicho que Verdi la escribe a disgusto, en un idioma extranjero, en un formato, el de la grand opèra, en el que tampoco se siente cómodo a causa de sus exigencias formales y con un libreto que no termina de convencerle, tanto por su desenlace como por la ausencia de vida interior en los personajes, exceptuando el de Monforte. Es, por lo tanto, una buena noticia que un teatro se atreva con ella y funciona muy bien, si no como atracción popular autóctona (había muchos huecos ayer en Les Arts), sí como reclamo para que  muchos aficionados de fuera de Valencia decidan venir a verla, por eso quiero felicitar al Palau de les Arts por haber tomado esta decisión. Pero me hubiera gustado que Les Arts hubiera inaugurado la Temporada 2016-2017 con una producción propia, es una manera de crear expectación y de obtener bastante más publicidad que utilizando una producción conocida que procede de  Bilbao y que levantó revuelo cuando se estrenó en el año 2011 en  Turín dentro de las celebraciones del 150 aniversario de la Unificación italiana. Y es que estas Vísperas son el fruto de una  co-producción de la ABAO-OLBE y el Teatro Regio Turin.  No hubiera estado mal programar unos nuevos Vespri o abrir temporada con la Lucrezia Borgia  de Sagi o el Werther de Grinda, para las que así se estrenará producción, pero no es la primera vez que en Les Arts se abre la temporada con una propuesta que procede de otro teatro, esto ya pasó en tiempos de  Helga Schmidt, además tampoco es un asunto para rasgarse las vestiduras; sin embargo, sí lo es el hecho de que el reparto no estuviera a la altura de las pretensiones del teatro convirtiéndolo, en muchos aspectos, en un teatro de provincias. En el libreto original de Scribe la acción se sitúa, en el Palermo de finales del siglo XIII, y narra las heroicas tentativas de los sicilianos para liberar su isla de la ocupación francesa, culminando tanto en el descubrimiento general de que el gobernador francés de Sicilia es en realidad el padre de uno de los cabecillas del motín, como en una revuelta que provoca una masacre en el bando francés, también en el fondo hay una historia de amor, más o menos contaminado por el deseo de venganza. Davide Livermore, cuando recibió el encargo, se propuso trasladar la acción escénica a la época contemporánea entendiendo, con buen criterio, que el público del siglo XXI, a diferencia del del XIX,  no comprendería el significado político de una ópera ambientada en el siglo XIII. Según el propio Livermore ha expresado en numerosísimas ocasiones, antes de efectuar su propuesta,  hizo un ejercicio de reflexión y se preguntó qué es lo que hoy en día bloquea la democracia italiana y la participación popular de los ciudadanos en la política, llegando a la conclusión de que el mal estaba en el poder de las telecomunicaciones, en el "fascismo mediático" - termino, recuerda Livermore, empleado por Passolini- que, en colaboración con los políticos o bajo sus órdenes, distorsiona la realidad y conduce a la frustración y al desorden social, fomentando así la falta de democracia y de participación popular, que es lo que se quiere denunciar. El primer acto se abre con un funeral de estado pero será  en el segundo, que actúa como un flashback, cuando  el espectador comprobará quién era el fallecido y por qué ha habido un conato de sublevación popular. Este acto comienza con la llegada del rebelde  Procida a su patria y su lamento por el estado en el que se encuentra Sicilia. Para reflejar esta situación el director de escena recurre a la reproducción de una imagen de un acontecimiento histórico, "la strage di Capaci" (la masacre de Capaci),  el asesinato del juez Falcone, su esposa y tres escoltas, en una autopista en las proximidades de Palermo,. La situación se amolda muy bien al texto y con ello Livermore dice haber querido rendir homenaje a aquellos héroes contemporáneos que son capaces de defender sus ideales de justicia exponiendo su propia vida.  El personaje de Procida, tan poco grato a Verdi, dispuesto a sacrificar a las mujeres sicilianas e incluso a la propia Elena para conseguir sus objetivos, aparece como un terrorista para quien el fin justifica los medios, un antisistema de los de verdad, no de los otros. También  en este punto la adaptación dramatúrgica me parece oportuna, puesto que Procida,  ya en el propio libreto, se nos va haciendo cada vez más antipático conforme avanza la acción a causa de su fanatismo y falta de escrúpulos. A Verdi le hubiera gustado suavizar el personaje y pidió ayuda a Scribe, el libretista, pero éste no estaba por la labor, así que Procida se quedó marcado por su carácter cruel y sanguinario. Ahora bien, ¿cómo descifra el espectador que Procida es un terrorista dentro de la dramaturgia de Livermore? Pues no lo sé, la verdad, yo lo sé porque se lo he escuchado decir a él dos o tres veces. Malas son las producciones que tienen que llevar al lado un manual de instrucciones. ¿Y qué hacen las parejas de enamorados entre los retos del atentado de Capaci? A mí me dio la impresión de que como había salido la escenografía con los coches quemados Livermore no sabía resolver la situación -no los iba a retirar a los 5 minutos-  y no se le ocurrió nada mejor que sacar a las parejas bailando entre los escombros, como si de un akelarre se tratara, para después sacar bolsas de basura y desperdigarlas por toda la escena, ¿quizás quiso represenar la profanación de un lugar en el que fallecieron heroes italianos por el pueblo italiano? No lo sé. Hace ya tantos años que ocurrieron aquellos hechos que los espectadores contemporáneos que no somos italianos no tenemos las claves para descifrar lo que ocurre en escena. El final de la ópera es radicalmente distinto al libreto, no hay sublevación y masacre francesas. Los franceses, que en la propuesta del intendente de Les Arts, son sustituidos por ciudadanos sin rostro, pierden sus máscaras convirtiéndose en legítimos representantes del pueblo, mientras aparece una proyección del artículo 1 de la Constitución italiana que hace referencia a que la soberanía reside en el pueblo. Sustituye el original final vengativo y despiadado por un final optimista en el que las aguas vuelven a su cauce, el pueblo consigue tener los mandatarios que merece. A Verdi no le gustaba nada como se resolvía el quinto acto, lo demuestra el hecho de sus quejas porque tanto franceses como sicilianos aparecen malparados, los unos porque figuran como opresores y los otros porque aparecen como conspiradores sin escrúpulos que buscan sus libertad y no les importa el peaje que haya que pagar. El principal obstáculo con el que se enfrentaba este planteamiento dramatúrgico era el distinguir entre dos facciones contrapuestas que en el original se identifican con dos nacionalidades diferentes, los militares franceses, como opresores, y el pueblo siciliano, como oprimido; no fue mala solución dividir al pueblo en dos grupos enfrentados, los continuistas, que son una masa y carecen de personalidad y llevan una máscara, y los rupturistas que sí reivindican su individualidad y su libertad y van a cara descubierta. Pero los aficionados no estamos todos en primera fila y este detalle pasa desapercibido para el 80% del público y el 2% adicional que es portador de anteojos, con lo que, a los que estamos lejos, nos cuesta distinguir quién es quién en cada momento; por otra parte, la visión de la sociedad contemporánea planteada por Livermore resulta excesivamente maniquea, porque ni todo el ejército, ni toda la policía, ni todos los políticos, ni todos los periodistas son tan malvados y manipuladores, por lo menos yo quiero pensar que eso es así; y contrasta con esa visión tan verdiana que buscaba un rasgo de humanidad en toda persona resultando al final que, aunque algunos buenos eran muy buenos, los malvados eran dignos de simpatía o compasión y ahí está el personaje de Monforte en las mismas Vísperas o el de Amneris en Aida y Felipe II en Don Carlo, para comprobarlo y ahí está también el diabólico Iago en Otello o el vil Don Carlo di Vargas en La forza como excepciones que confirman la regla. Es una ópera, Las vísperas sicilianas, que entre sus papeles destacados carece de mezzosoprano, los papeles protagonistas son cantados por una soprano (Elena), un tenor (Arrigo),que encarnan a la pareja de enamorados,  un barítono que es el padre del tenor (Monforte), y un bajo (Procida), un rebelde que es afín políticamente, y teóricamente  amigo, de los enamorados. Tanto el rol de Elena, que requiere una soprano que se conoce como sfogato o assoluta,  es decir, que debe saber tocar todos los palos posibles (desde lo más grave y dramático a lo más ligero y leve), como el de Arrigo, que está siempre moviéndose en la zona de paso y planteando al tenor problemas de cobertura y homogeneidad vocal son de los más difíciles que escribió Verdi para sus respectivas cuerdas, y eso hay que tenerlo en cuenta al hacer cualquier valoración sobre los intérpretes puesto que  para salir airoso hay que ser un fuera de serie. Cuando Livermore estrenó esta producción en Turín, la soprano que estaba prevista para encarnar a Elena, Sondra Radvanovsky, tuvo que ser sustituida, por problemas de salud, por  Maria Agresta y en esta ocasión también ha habido que sustituir a la soprano, Anna Pirozzi, que está embarazada, por la ucraniana Sofía Soloviy (en otras representaciones la sustituirá Maribel Ortega), pero sólo hasta el día de antes del estreno porque ayer se anunciaba que Soloviy era sustituida en la función del estreno por Maribel Ortega. Quiero pensar que Pirozzi, que ha cantado hasta hace bien poco, quiso apurar hasta el último momento, o puede que no se supiera el papel porque lo debutaba en estas funciones, o ni siquiera quiso aprenderlo dado que la ópera prácticamente no es de repertorio, la antelación con la que se anunció, a la vez que en la página web de la soprano, me pareció suficiente y no tengo la información necesaria para opinar al respecto. La última cancelación es la que más me ha irritado, si Soloviy se cae del cartel qué menos que explicar a los aficionados cuál es la razón de ello, no me parece una tomadura de pelo porque no creo que haya sido voluntad de Les Arts, sé que en el ensayo general sí participó la ukraniana, lo que sí me parece es una falta de consideración para con el público, a ver si nos acostumbramos a que los espectadores necesitamos explicaciones de por qué se hacen las cosas, y más en un servicio público como es la ópera en Valencia, pagada con el dinero de los contribuyentes. Ortega, que tiene un hermoso timbre, no estuvo a la altura de las exigencias de Elena, sonidos entubados, falta de proyección en los conjuntos, graves inaudibles, llegando a pasar totalmente desapercibida en algunos momentos de los tres primeros actos, supongo que reservándose para la parte final en la que tiene los dos momentos más exigentes: Arrigo! Ah parli a un core, en el que tuvo que ser muy cuidada por Abbado, con parones eternos para aguantar el fiato y defectuosa realización de esas escalas cromáticas descendentes tan exigentes y Mercé, dilette amiche, que no fue un desastre absoluto porque intentó ser cauta, ni siquiera intentó cantar todo lo que está escrito en la partitura, no quiero hacer leña del árbol caído. Una cosa es cantar, en funciones de pretemporada, Soleá de El gato montés y otra atreverse con uno de los roles más difíciles que escribió Verdi para la voz de soprano. Prácticamente no hay en la actualidad tenores que se atrevan con el papel de Arrigo (tampoco es I vespri una ópera que se programe demasiado, es como la pescadilla que se muerde la cola, no sé si no hay tenores porque no se programa o si no se programa por que no hay tenores). Gregory Kunde lo ha cantado ya en bastantes ocasiones (Turín, Nápoles, Atenas, Viena, París, Bilbao) y es un papel que casi podríamos decir que tiene monopolizado,  y es capaz de cantarlo tanto en italiano como en su original francés. Lo canta con soltura, es ya lobo viejo, tiene tomada la medida del personaje, pero a su recreación le faltó ímpetu, arrojo, valentía, no olvidemos que el personaje de Arrigo tiene veinte años escasos, a pesar de todo, gracias a su fraseo, a la proyección y su suficiencia en la zona aguda, fue el mejor de la noche. El tercer personaje en importancia es el de Monforte, el que en un principio parece ser la persona más maligna de toda Sicilia pero que va sufriendo un proceso de humanización conforme avanza la ópera. Es el personaje que ofrece una psicología más rica, llena de claroscuros, y el más difícil de interpretar en lo dramático, debe ser, por lo tanto, un cantante muy expresivo, con un timbre potente que le permita destacar en los dúos y en los números de conjunto, pero también muy lírico cuando debe mostrarse tierno o conmovido, lo que se llama un típico barítono verdiano. Juan Jesús Rodríguez es un conocido barítono del público valenciano, ha cantado en Rigoletto y el Conte di Luna (Il trovatore), se prodiga mucho en los escenarios españoles, franceses e italianos, ha llegado a cantar en el Met y seguramente volverá para cantar en Cyrano de Bergerac junto a Alagna. Tiene un timbre contundente de auténtico barítono verdiano y cantó con mucha entrega la que para mí es la mejor aria de toda la ópera, In braccio alle dovizie, siendo, junto a Kunde, lo mejor de la noche, si hay que buscarle un defecto diría que se agradecería un mayor matiz en las dinámicas y regulaciones. Procida es un personaje muy contradictorio, en él se ve reflejada la discrepancia entre la visión de Scribe, que lo mostró como persona subversiva, tramadora de intrigas, y la de Verdi que quiso hacer de él un patriota, resulta por lo tanto chocante la falta de correspondencia entre la música que compone Verdi, sobre todo al inicio del segundo acto, "O tu Palermo" y la acción dramática, el resultado es que queda en una especie de indefinición que, como ya hemos visto, se integra muy bien en la dramaturgia propuesta por Livermore, de su interpretación se encargó  Alexánder Vinogradov, conocido en Les Arts por su Banco y su Escamillo, posee un timbre de considerable volumen, bastante atractivo pero no dio lecciones de legato y estilo en su ondulante aria, resuelta de forma rudimentaria sin matices en la línea de canto, pero al público le gustó mucho a juzgar por los aplausos que cosechó. El coro no descansa en esta ópera, se requiere de su presencia a dos por tres y tiene papeletas difíciles de resolver, afortunadamente en Les Arts tenemos el Coro de la Generalitat Valenciana rico en colores gracias a su característica distinción entre las diversas voces. Juzgar la labor de Roberto Abbado en esta producción es difícil, tenía una papeleta complicada y se dedicó a estar más pendiente de los cantantes que a buscar el matiz en una de las obras de Verdi de instumentación más refinada, llevó a la orquesta como elefante por cacharrería y no sacó casi partido de todo el potencial que tiene la formación valenciana que, como siempre, nos regaló hermosos sonidos. No pudo empezar peor la temporada del Palau de les Arts.

El Blog de Atticus

2 de diciembre

LES ARTS ANUNCIA LA CANCELACIÓN DE PIROZZI

Esta mañana, el Intendente Davide Livermore, acompañado por el director musical Roberto Abbado, ha presentado oficialmente en rueda de prensa el inicio oficial de la temporada operística 2016-2017 en el Palau de les Arts, con el estreno el próximo día 10 de diciembre de la ópera de Giuseppe Verdi I Vespri siciliani. Uno de los grandes atractivos que presentaba esta apertura de la temporada valenciana era la presencia de la soprano italiana Anna Pirozzi en el complicado papel de Elena, tras el buen sabor de boca que dejó en 2015 con su Abigaille en Nabucco. Pirozzi es sin duda una de las cantantes que más garantías ofrece actualmente para defender este rol con solvencia. Pues bien, esta mañana ya se ha dignado el Intendente de Les Arts hacer público, al fin, que Pirozziha cancelado su participación en todas las funciones que tenía previstas en Valencia, aduciéndose como causa “prescripción médica ante su estado de gestación”. Las funciones de los días 10, 16 y 18 de diciembre serán cantadas por la ucraniana Sofia Soloviy, mientras que los días 13 y 21 de diciembre lo hará Maribel Ortega, a quien ya pudimos escuchar en la reciente El Gato Montés. No voy a entrar a valorar a las sustitutas antes de verlas en escena, aunque parece evidente que juegan en otra división. Hace más de dos semanas que los rumores ya eran algo más que rumores en todos los corrillos y yo mismo decidí hace ocho días hacer público en Facebook lo que se comentaba, que Pirozzi cancelaba y Sofia Soloviy sería la sustituta. Durante todo este tiempo la dirección de Les Arts ha mantenido silencio y hasta esta misma mañana Pirozzi seguía anunciada en la web del teatro valenciano, en lo que considero una nueva falta de respeto al espectador, sobre todo cuando hace ya varios días que Soloviy se encuentra en Les Arts ensayando y Pirozzi no ha llegado a pisar Valencia. No voy a poner en duda que la causa alegada sea cierta, aunque algunos sí lo hagan. Me da igual el motivo. Esto puede ocurrir en cualquier teatro. Lo que no es de recibo es que se oculte la información al público hasta el último momento. No sé si así habrán conseguido vender algunas localidades más estas dos últimas semanas, pero lo que sí puedo garantizar es que han conseguido que el espectador, además de frustrado por la ausencia de la cantante, lo que es normal, hoy se sienta engañado y menospreciado por el teatro, lo cual es intolerable. ¿De verdad es tan difícil hacer alguna vez las cosas bien del todo, señor Livermore?



Una butaca en el paraíso

24 de octubre

Mira, o Norma

Norma de Bellini en el Teatro Real de Madrid. Primera función del segundo reparto, o sea, el re-estreno.Allá que vamos todos con ganas de disfrutar el viernes por la noche, con el teatro hasta arriba de gente expectante, porque el título es emblemático.Como yo cambié mi función del Otello es también mi rentrée, o sea que saludos, abrazos y besos por doquier. Empieza la ópera y... oh, esa obertura, pero qué bríos, ¿no? ¡¡¡Que esto es belcanto puro y duro, oiga!!! Sale el coro y lo mismo, mucho griterío. Llega Pollione y... ¡eh! ¡He dicho Pollione, no Turiddu! Tuvo que aparecer Norma para calmar los ánimos, poner las cosas en su sitio y asentar la representación. Porque el primer acto fue muy tenso, muy nervioso, muy poco belcantista. Menos mal que salió Angela Meade a poner orden. ¿Reservona, según decían los más críticos? Contenida, diría yo. Y nos ofreció un trío final de acto de agárrate a la barra que te caes. Muy buena. Porque el segundo acto ya fue otro cantar. Exactamente eso, cantar. La orquesta se suavizó y se metió en situación. A Roberto Aronica se le pasaron los nervios y encajó en el estilo. Y la señora Meade se soltó las rastas de la melena y nos ofreció una Norma rotundísima. Potente, valiente arriba y, lo mejor, con cuerpo abajo. Es verdad que el timbre no es de los más bonitos y que le faltó expresividad, pero estuvo soberbia. También esos ciento y pico kilos de soprano subiendo y bajando escaleras no es para esperar muchas florituras expresivas. ¿Resultado? Pues una ópera irregular al principio, que fue a más y acabó estupenda. ¿El problema? Que es un papel tan exigente que todas las referencias discográficas son de sopranos no-va-más, y claro cualquier representación en directo palidece ante una Sutherland, Sills, Caballé o Callas. Pero señores, al teatro hay que ir a ver, no a comparar. No me hagan como el señor de atrás quien, aparte de pasarse la función entera tosiendo y carraspeando, cuando terminó el Casta Diva soltó un "Prefiero la Callas" en el clásico volumen de voz suficiente como para que todos los que estemos a su alrededor nos diéramos cuenta de lo imbécilmente entedido que era. Vamos, que si se pulen un poco con el rodaje de las funciones, este segundo reparto de la Norma del Real puede dar muchas satisfacciones. Meade como Norma, buenísima. Aronica un Pollione muy descontrolado al principio que se fue asentando. Veronica Simeoni fue una buena Adalgisa, pero la voz se le iba atrás cuando subía, un poco irregular. Orfila correcto Oroveso, eché en falta más poderío. Buena Maria Miró como Clotilde y estupendo Antonio Lozano en el breve papel de Flavio, qué voz más bonita y sonora. En conjunto, muy buenos solistas. ¿Que se les pueden sacar fallos? Pues sí, pero sacan adelante la obra con solvencia. Roberto Abbado tiene que decidirse si quiere hacer un Puccini, un Verdi o un Bellini. Se va aclarando en el segundo acto, dejando un poco el chimpón a un lado. Y el coro lo mismo. Ahora toca el palo a la regie.Ay, señor, señor. Empieza bien: unas columnas hacen de bosque, ayudadas por proyecciones de árboles sobre el telón gasa. Trajes de época (aprox.) y luego una estructura gigantesca central que es un árbol (o el coxis fosilizado de un brontosaurio) y que sirve tanto de altar como de casa de Norma o pira funeraria, porque se hace omnipresente. Vale, lo aceptamos. Pero se queda un poco soso en el centro del escenario tan grande del Real. Y el colmo viene con unas proyecciones ultracursis de títulos de crédito de telenovela barata con imágenes de los cantantes: Pollione besándose con Adalgisa, Pollione luchando, Norma sufirendo, los niños durmiendo, una especie de escudo... una horterada en toda regla. Y con todo, los movimientos de los cantantes siguen la escuela clásica y rancia del "salgo, me paro, canto, me voy". Afortunadamente con esta ópera (y con tantísimas) es fácil obviar la puesta en escena. Ya se sabe que yo soy de fácil contentar pero, sinceramente, creo que merece la pena acercarse a esta Norma y, por lo que me han dicho (y van dos) mejor el segundo reparto que el primero con Agresta y Kunde.  Vincenzo BelliniNormaAngela Meade, Roberto Aronica, Veronica Simeoni, Simón Orfila, Maria Miró, Antonio Lozano.Roberto Abbado, Davide Livermore.Teatro Real. Madrid, viernes 21 de octubre de 2016. Página web del Teatro RealPrograma de ManoCríticas del estreno en prensaSeñores que saben mucho

Ya nos queda un día menos

16 de octubre

Haitink vuelve a Berlín con Schubert y La canción de la Tierra

Aunque estoy últimamente fatal de tiempo, no he podido resistirme a ver en la Digital Concert Hall el concierto del pasado 8 de octubre: enésima visita a la Berliner Philharmoniker del gran Bernard Haitink, quien a sus ochenta y siete añitos, desdichadamente fallecidos Harnoncourt y Marriner, es uno de los directores en activo más veteranos del planeta. Y encima con un programa precioso, Inacabada de Schubert y La Canción de la Tierra, esta última en su versión con barítono, lo que añade aún más interés al asunto. Lo cierto es que a la postre los resultados son más o menos, con alguna importante salvedad a la que haré más tarde referencia, los que se esperaban de una batuta a la que tantísimas veces hemos escuchado en disco (en mi caso añado una en directo, en el Festival de Granada). En la sinfonía de Schubert el maestro holandés hace honor a su fama y, efectivamente, ofrece una interpretación sobria y rigurosa, poco o nada personal, en absoluto creativa, a la que le falta ese punto de emotividad y aliento poético que distingue a las grandes lecturas, pero que se encuentra construida con una claridad y depuración sonora insuperables, avanza con un pulso sostenido sin desmayo, está fraseada con admirable cantabilidad y, sobre todo, posee ese sentido dramático imprescindible en los dos movimientos de la partitura. Únicamente en el célebre tema lírico del Allegro moderato el maestro parece ceder y hace sonar a los chelos, increíblemente bellos desde el punto de vista tímbrico, con un muy alto grado de dulzura, e incluso con más ingravidez de la cuenta: al adusto y distanciado Haitink parece costarle trabajo disimular que él también es un anciano director, con todo lo que eso significa. La orquesta –ni que decir tiene– está gloriosa, resultando impagables las intervenciones del clarinete de Andreas Ottensamer y el oboe de Albrecht Mayer, tan fundamentales en esta partitura. La genial partitura de Mahler recibe una interpretación que se encuentra en el extremo opuesto de la que con la misma orquesta ofreció Claudio Abbado cinco años atrás. Si aquella era fresca, juvenil, impulsiva, riquísima en el colorido y antes espontánea que reflexiva, esta resulta grave, ajena al arrebato emocional, considerablemente distanciada, incluso un punto fría. El tempo es lento, analítico, pero de pulso muy firme. Su colorido es ocre y sus texturas densas, lo que no impide que la claridad sea extraordinaria, como lo es también la ejecución: hay que remontarse al mítico registro de Otto Klemperer para encontrar algo similar en este sentido. El trazo resulta refinado a más no poder, pero no hay ni la más mínima concesión al preciosismo sonoro: la severidad del maestro se impone. Las intervenciones de los solistas alcanzan una musicalidad extraordinaria, y todos los primeros atriles ofrecen una labor soberbia. En este sentido, no se puede dejar de señalar la portentosa actuación de Emmanuel Pahud en Der Abschied, obviamente el movimiento en el que, dado su concepto de la obra, la batuta alcanza los más satisfactorios resultados expresivos. En el resto, la verdad, resulta más contenido de la cuenta. Demasiado Haitink, para entendernos, lo que no impide que su trabajo nos termine fascinando por las razones antedichas. Las voces tienen sus más y sus menos. El tenor Christian Elsner se beneficia de un amplio fiato, pero la emisión no siempre resulta grata y termina teniendo problemas dadas las terroríficas exigencias de su parte. Mucho mejor Christian Gerhaher: aunque no se encuentra del todo cómodo en la franja más grave de su tesitura, canta con una voz de increíble belleza y haciendo gala de una enorme sensibilidad, aunque no deje de chocar que su visión sea mucho más lírica, humanista y efusiva, por momentos diríase que consoladora, que la apreciablemente desolada por la que apuesta la batuta. En cualquier caso, una interpretación a conocer.

Claudio Abbado

Claudio Abbado (Junio de 1933) es un director de orquesta italiano considerado uno de los grandes del podio orquestal y lírico de la postguerra. Junto a Riccardo Muti, visto como uno de los sucesores de la tradición italiana encarnada por Arturo Toscanini y Victor de Sabata.



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